Putrefacta tristeza, aniquilante sonrisa, las lagrimas caían una tras otra, queriendo hablar sin dejar segundo en silencio.
Aquella taza sucia, con los restos de palabras hermosas, que en algún momento formaban las frases poéticas que adornaban cada hoja de ese diario.
Ojos angustiados, de tanto llanto que por ellos ha brotado, ya casi no queda papel que pueda secar las miles de señales de una desesperación que se vuelve real.
Deambulas por la casa, temblorosa del miedo, quieres escapar para no tener que sentir nuevamente. Ese corazón ha vuelto a latir, esto te asusta, te mata.
Detente! silencio! escucha la voz del viento, escucha el susurro de las aves; ¿será que te estás enamorando? No!no digas nada, tan sólo déjate caer en los brazos de los Ángeles y por primera vez permite que la luz ilumine tu lúgubre alcoba.
Despiertas y ves lo patética que puedes ser, el sol se fue y tú sigues sentada frente a esa taza repugnante, rebosante de palabrotas sentimentales, y nuevamente, tomas el lápiz y comienzas a escribir tu estúpida tortura.
No sé que pasa, no sé que significa, tan sólo son las locuras de café, que vuelven cada vez que este corazón amenaza con latir otra vez.



